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Vida en Pareja

Parejas: Vida en Pareja


¿Hablas, prometes y no cumples?

Por Blanca Almeida Dingler/Todamujer.com

Así como los aparatos, cosas y servicios se deterioran, gastan y/o averían por el uso, de igual forma las palabras, frases, promesas y amenazas continuas se desgastan.

Amenazas de temas delicados

Al pelear con la pareja cuántas veces no hemos dicho: "Estoy harta quiero el divorcio" o "agarra tus cosas y vete de la casa".

Discusiones

No calles, aprende a decirlo

"Yo y mi bocota"
Tenías la razón, pero estuvo mal la manera en que lo dijiste.

    La primera vez que lo decimos, el efecto es devastador y, ayuda a solucionar o frenar la discusión. Seguramente nuestra pareja al escuchar la amenaza nos pide perdón, lloramos juntos y el problema se resuelve. Podemos decir que la amenaza surtió efecto en un 100%. Surgiéndome varias preguntas ¿En verdad queremos el divorcio? ¿Qué sucedería si realmente la pareja se va? ¿Estamos usando la amenaza como un arma?

    Si posteriormente recurrimos a la misma amenaza su impacto disminuye en un 20%, es decir, ya no hay una respuesta tan inmediata por parte de la pareja. Se resuelve el problema pero talvez ya no hay llanto.

    Terapia de pareja

    Terapia de pareja

    ¿En verdad sirve?

    Para muchos, es una buena alternativa para solucionar sus problemas.

      Cada vez que recurrimos a dicha amenaza suceden varias cosas:

      1. Se convierte en chantaje.
      2. Pierde fuerza e incluso la pareja puede mofarse diciendo "otra vez vas a salir con la misma cantaleta, quieres el divorcio".
      3. Llegará un momento en que dicha amenaza no surta efecto alguno, transformándose en "un decir".

      Promesas incumplidas, palabras al viento

      Algo muy similar sucede con las promesas incumplidas, se convierten simplemente en palabras al viento.

      ¡Dinos que piensas!


      Las promesas constantes referentes a cambios, cumplimientos y mejoras como: "Te juro que no vuelve a pasar", "te prometo que seré más cariñosa", "voy a cambiar mi actitud", etc... Cuando son pronunciadas y al paso del tiempo no son ejecutadas, cada promesa incumplida se convierte en una mentira. Llega el momento cuando otros hacen oídos sordos a nuestros juramentos.

      Surgiendo las preguntas ¿En realidad vamos a cumplir lo que prometemos? ¿Prometemos como una forma de darle el avión al otro? ¿Qué estamos esperando para cumplir dichas promesas?

      Consecuencias no ejecutadas con los hijos

      Cuando establecemos con los hijos consecuencias irreales imposibles de cumplir o amenazas momentáneas por una falta cometida, por ejemplo: "Nunca vas a salir con tus amigos", "ahora si te voy a castigar", "la próxima vez ni me pidas permiso", etc... si no las cumplimos también se las lleva el viento.

      El problema es que con las promesas incumplidas se va nuestra credibilidad. Es decir, los hijos nos toman la medida y saben que por mucho que amenacemos o digamos que los vamos a castigar, al final no es cierto.

      Preguntó: ¿Qué sientes al saber que tu hijo no te cree? ¿Qué ejemplo les estamos dando? ¿Qué requerimos para dejar de hablar y empezar a actuar?

      Concluyendo así:

      Cuando las palabras, promesas, amenazas pronunciadas no se traducen en acciones, son lanzadas al aire perdiéndose en el universo.
      Pronunciarlas es fácil, llevarlas acabo y ejecutarlas requiere de otro esfuerzo. Las palabras unidas a acciones son las que perduran.

      Si en realidad quieres separarte dilo y empaca tus pertenencias.
      Si vas a sancionar a tu hijo por la falta cometida exprésalo y ejecuta la consecuencia.
      Si prometes cambiar, busca cómo, ya sea comprando un libro, preguntando a los amigos, acudiendo a terapia.

      ¡No dejes que las palabras se las lleve el viento y con ellas tu credibilidad!

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