Cuando te dejan... ¡por otro!
Hay historias que terminan así, pues a decir verdad los latinos satanizamos aún a los homosexuales y, en la cultura del "macho" es de esperar que algunos hombres desde pequeños lejos de enfrentarse su sexualidad la quieran tapar siendo mujeriegos o incluso burlándose de los homosexuales. Por ello, al encontrar más apertura muchos descubren -algo tarde- su verdadera orientación sexual, por supuesto lastiman a quienes están cerca, regularmente a sus compañeras sentimentales.
Las reacciones de la mujer
La fatalista: Es aquella que cree no haber hecho lo correcto para que su hombre se quedara a su lado, la culpa le viene de inseguridades que entre los dos han solapado, se siente menos mujer y cree que a partir de esta experiencia jamás volverá a creer en un hombre.
La inquisidora: Le echa en cara ser poco "hombre", piensa que no es su orientación la que los aleja, si no que le tiene miedo y que la manera de alejarse es volverse gay. Es controladora y seguro le dice que ella es "demasiado mujer para él", puede llegar a los insultos y en el fondo lo cree cobarde.
La evasiva: Parece no querer ver la realidad, se niega a creer que su marido sea homosexual, está aferrada en pensar que pronto todo volverá a "la normalidad". Confunde los problemas normales de pareja con la crisis de identidad de su pareja, ella también puede caer en una depresión.
La fácil: Es la que a partir de tremenda decepción intentará conquistar a cuanto hombre vea, de esa manera demostrará su valía como mujer, su ego quedará sanado o al menos eso piensa. Cree que ningún hombre vale la pena y de alguna manera se está vengando de quien la hizo parecer menos mujer.
La víctima: No piensa que la homosexualidad de su esposo sea una cuestión de personalidad, instinto y de estar completo como persona, en el fondo cree que todo lo hizo para castigarla, se siente traicionada y piensa que la vida la está castigando por algo que ha hecho mal.
Ante un shock emocional de este tamaño la mente o psique también se defiende; suele cortar los pensamientos que dañan la autoestima aunque después lo retome cuando la persona está más tranquila para enfrentar su pérdida.
Lo primero es no culpar o al menos no quedarnos en esta etapa, las culpas y regodearse en ellas sólo abrirán heridas que tal vez no sanen, lo mejor es verlo de lejos tomar distancia del acontecimiento y buscar lo que eso está dejando; evaluar si esta decisión mejorará la vida (ahora por separado) de ambos.
Otra cosa es no hablar con de él con los amigos mutuos, el saber cosas o enterarse de algo podría ser desagradable, a veces, terceros no tan involucrados puede darnos una buena opinión o consejo de la situación.
Pero lo mejor que se puede hacer es buscar ayuda profesional para que esto no afecte de manera permanente, para que ayude a ver todo en su justa perspectiva y no dejarse caer en alguno de los estados antes mencionado.
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