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Parejas: Solos


¿Para qué quieren tener novio las mujeres?

Capitulo 2: El noviazgo
Por Luis Buero/TodaMujer.com,

Mieles del noviazgo

Los primeros fines de semana son un derroche de caricias, paseos, risas, música y guirnaldas. Su alma gris se vuelve colorida como la calle Caminito. Eva logra voluntariamente que el varón que la conquistó se sienta un Moisés que abrió las aguas del antes y del después, el Cid Campeador, el Zorro, Robin Hood, el Chapulín Colorado y el príncipe azul que siempre soñó, la razón de su vida. ¡Verywell!... piensa Adán, "al fin una mujer para la que soy su maná del cielo... ¡y no es mi madre!".

Vana ilusión la de los Adanes. De pronto la agenda de Eva, que estaba marchitada, comienza a rejuvenecer. Adán la llama para verla pero ella ya no puede encontrarse con él tan fácilmente porque: el papá, que antes no le hablaba, ahora -bajo el efecto de un fulminante ataque de Edipo- la invita a pasar un día en el campo a solas con él para charlar; su amiga Gabriela le avisa que le regalaron entradas en un palco para ver jugar a River; los sobrinos quieren que la tía Eva les arme la pileta de lona "olímpica" que por años estuvo arrumbada en un desván; sus compañeros de trabajo contratan una serie de viajes breves sólo para empleados, aprovechando una oferta sindical y la invitan a cada rato; su ex novios Esteban y Pablo la llaman para tomar algo porque "necesitan pedirle consejos sentimentales". Y ella, como por fin está de buen ánimo ¡a todos les dice que sí!

Adán debería sentirse orgulloso, pero ocurre que siendo él el motor inmóvil de tal resurrección, no sólo no cobra derechos de autor sino que además se siente tratado como un impermeable en día de sol.

Entonces Adán decide cambiar de táctica y le propone a Eva salir solos en una gira de miniturismo durante la siguiente semana, pero no tiene éxito tampoco porque ella, ahora exultante, comenzó una serie de actividades nuevas: los lunes estudia teatro con su amigo del alma; los martes se hace dar masajes por un nuevo digitopunturista ciego, Ariel, que fue doble de Val Kilmer en una película romántica; los miércoles va a un gimnasio porque le recomendaron los juegos de cintura que enseña Fernando el teacher de "aparatos"; los jueves juega al paddle con su amigo Walter el norteño; los viernes hace una nueva terapia de contacto físico a ojos cerrados traída desde Dinamarca por el psicólogo protestante Sebastián, estudiante de una nueva teología del kamasutra; y después tiene una, desde ahora, habitual reunión con las amigas del secundario con las que luego va a bailar a un boliche de Palermo Chico; los sábados hace horas extras para comprarse un departamento propio y a la noche cena con el papá que sigue con ataque de Edipo...

Ah, algunas madrugadas participa de la Noche de la Caridad con Franco y Mario, dos compañeros de campamentos de la parroquia que cuando la nombran se atragantan con la baba que emanan, pero para ella son dos divinos e inocentes hermanos de la vida. Adán le sugiere, ya desesperado, ir a buscarla a la salida de todos esos lados, pero ella le informa que: los lunes vuelve con José el insistente; los martes con Marcos el negrito lindo; los miércoles con Richard, el suegro de la hermana; los jueves con Santiago, el que tiene una banda que toca como Turf y siempre la invita a escuchar sus acordes locos; y los viernes con Sergio, el chico sonriente que le arregla el acondicionador de aire. Los sábados la trae Carlos, el marido de la prima (¿recuerdan?), que sigue haciéndole proposiciones deshonestas en broma, porque si no se aburre. Carlos la va a buscar a casa del papá, que la entrega sin quejas a cualquiera menos a Adán, al que odia minuciosamente.

Adán, creativo el chico, la persuade de hacer al menos un tour de fin de semana juntos a Colonia, Uruguay, pero ella arregló con sus amigos el Pita y el Puchi ir a Mar del Plata para tirarse juntos en parapente en la zona del Torreón. Y cuando él la increpa sintiéndose abandonado, ella lo acusa de querer asfixiarla, y al mejor estilo de Isabelita, con tonalidad gallega le grita por el teléfono: "¡no me atosigués!".

Sigue leyendo:
Capitulo 3: El final

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