Limitando la convivencia
Por José Ramón Aramendi/EFE,
Si la convivencia diaria y las cuestiones domésticas se hacían insoportables, ahora se opta por limitar la convivencia a breves periodos de tiempo. Pueden ser los fines de semana, viajes cortos y como mucho las vacaciones. El resto del tiempo se produce la comunicación por medio del teléfono e Internet.
Durante la semana cada uno vive de forma independiente en su respectiva vivienda, pudiéndose ver de forma aleatoria, para ir al cine, por ejemplo. El fin de semana se convierte en el gran protagonista, transformándose en una vivencia lúdica. Según lo pactado, ¿En tu casa o en la mía? se hace vida de pareja, se practica el sexo y se desayuna juntos. El lunes, cada uno en su casa. Parece que se sigue rigurosamente la máxima de lo bueno si breve, dos veces bueno.
Sin responsabilidades ni compromisos, esta relación resulta cómoda y segura, muy civilizada y postmoderna. Quizá, más bien, resulta demasiado cómoda y segura y demasiado civilizada y con un postmodernismo mal entendido.
Finalmente tendremos que estar de acuerdo con el sociólogo alemán Hage, quien afirma, Definición de una pareja moderna: no se quieren, se hablan.
Con la madurez tomamos conciencia de nuestra individualidad y de nuestra libertad. En el mundo postromántico, en el que las viejas ataduras ya no obligan, el centro eres tú. Tú puedes ser lo que tú quieras; tú escoges tu vida, tú entorno, incluso tu apariencia y tus emociones. Nos tenemos que querer más a nosotros mismos. Todo muy New Age.