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Parejas: Intimidad


Saboteadores del erotismo
Por Rocío Gaia/EFE,
Estrés, preocupaciones, rutina, falta de comunicación y previsión. Son algunas de las razones que influyen para que la falta de deseo y la apatía sexual se apoderen de la pareja y se pierdan las ganas de estar junto al otro. Para mantener encendida la llama de la pasión hay que disipar los malos vientos que la apagan.

Muchas parejas reconocen haber perdido el interés por el sexo. Sienten que su deseo ya no es el mismo, que les produce hastío lo que antes les apasionaba y que la persona que antes acariciaban con frenesí ahora no despierta ni su emoción ni su erotismo.

El deseo es la chispa del comportamiento sexual: difícilmente se va a desarrollar la excitación y alcanzar el orgasmo si no existe el deseo previo que encienda y prepare nuestro cuerpo y mente.

¿Por qué surgen los problemas sexuales y se anestesia el interés por el sexo? Se piensa que las relaciones y la comunicación sexuales deben surgir espontáneamente, sin trabajo, sin hacer nada. Pero esta idea, al igual que otros prejuicios y creencias erróneas, puede conducir al fatalismo y a la resignación.

Otro saboteador del erotismo es la falta de sinceridad: para mantener una relación amorosa satisfactoria hay que hablar al otro sobre aquello que desea y siente: la franqueza es “una llave para abrir la puerta de la satisfacción sexual”.

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Una de las razones que más influyen en la apatía sexual es el estrés: si las preocupaciones crecen y llenan más espacio, el deseo se inhibe, ya que el cuerpo se queda sin energía. La tensión nerviosa quizá es el problema más difícil, porque su solución requiere cambios sustanciales de las actitudes y estilo de vida.

El desconocimiento, el estrés y la incomunicación son tres terrenos donde germinan las malas hierbas que asfixian la flor del deseo. Pero los enemigos del erotismo son más numerosos, y el primer paso para desterrarlos consiste en desenmascararlos.

Los psicólogos clínicos Ernesto López y Miguel Costa, autores del libro “Cómo vencer la pereza sexual”, y otros expertos en sexología, explican cuáles son los saboteadores del deseo y cómo decirles “¡adiós y hasta nunca!”.

• Incomunicación. Si los resentimientos y malentendidos se acumulan, la distancia afectiva aumenta y la sexualidad se empobrece. Compartir los temores y las inquietudes proporciona una intimidad que potencia el deseo de estar junto al otro.

• Descuido. Es un equívoco relacionar el sexo a lo espontáneo, ya que también requiere tiempo y planificación. Para que la pareja no se enfríe hay que fijarse en los aspectos románticos de la relación: mantener un nivel de intimidad alto fuera del dormitorio hace prodigios con lo que se comparte dentro de la alcoba.

• Rutina. La sexualidad no es sólo gimnasia. Hay que aderezarla con juegos, palabras, sonidos y esperar de ella diversión. Hacerlo determinados días de la semana, como el sábado, significa equiparar el sexo al trabajo y desvirtuar su función placentera.

• Aburrimiento. El primer consejo es preparar el escenario, identificando el contexto que nos excita y las señales que despiertan el deseo, y recuperar las actividades que antes resultaban excitantes, como los paseos a solas o bailes.

También hay que buscar e introducir novedades en las relaciones sexuales: usar lencería sexy, hacer el amor en momentos excitantes, diferentes y en lugares insospechados, leer libros eróticos o ver películas estimulantes, compartir fantasías.

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