Descalabros en la búsqueda amorosa
Por Sergio Sinay/todamujer.com,
¿Dónde me espera mi alma gemela? ¿En qué lugar me encontraré con la persona de mis sueños? ¿A quién designó el destino para hacerme feliz? Preguntas como éstas - más explícitas, menos directas - suelen impulsar nuestras búsquedas amorosas. Parecen todas hijas de una misma creencia: quien busca, encuentra.
Y allí podemos vernos, peregrinos infatigables, movedizas hormiguitas que van y vienen por los senderos de la existencia con tesón y, aparentemente, con certeza de su destino.
¿Qué buscamos cuando nos internamos en estos rastreos afectivos? Hay tantas respuestas como personas. Seguridad, ternura, compañía, protección, admiración, certeza, calor, diversión, pasión, apoyo, armonía, paz, la lista puede tornarse infinita. Y también puede caber en una palabra: felicidad. Nada más y nada menos.
Y allí podemos vernos, peregrinos infatigables, movedizas hormiguitas que van y vienen por los senderos de la existencia con tesón y, aparentemente, con certeza de su destino.
¿Qué buscamos cuando nos internamos en estos rastreos afectivos? Hay tantas respuestas como personas. Seguridad, ternura, compañía, protección, admiración, certeza, calor, diversión, pasión, apoyo, armonía, paz, la lista puede tornarse infinita. Y también puede caber en una palabra: felicidad. Nada más y nada menos.
La felicidad tendrá una cara, un cuerpo, un nombre. Alguien será motivo, origen y destino, fuente y receptáculo amoroso. Alguna vez ya me ocurrió. O nunca. Pero le ha pasado a otros. ¿Por qué no a mí? Y la danza de la búsqueda, espiral infinita, se prolonga. No sólo buscan quienes están solas. Hay quienes en un momento creyeron haber encontrado y ahora, acompañados por esa persona, se sienten insatisfechos. Y se dicen que éste no fue el encuentro verdadero, que aún deben seguir buscando, que reconocerán la señal y entonces sí, esa vez será.
La búsqueda amorosa
La búsqueda amorosa
Una curiosa, constante experiencia humana que demanda energía, consume sueños, alimenta desencantos, fomenta ilusiones, impulsa audacias, motiva frustraciones, alienta expectativas. "Todo lo que necesitas es alguien a quien amar", dicen las canciones, los poemas, ciertos gurúes y los consejos mejor intencionados. Tus heridas sanarán cuando alguien te ame, auguran. Hay una promesa que se nos hizo a cada uno(a) en algún momento (¿quién?, ¿cuándo?, estas preguntas demandan respuestas personales). Esa promesa dice: encontrarás tu amor.
Y allí andamos, buscando. Buscando para encontrar. Es tan imperiosa la promesa en la que creímos, que la búsqueda amorosa rara vez admite la posibilidad de finalizar sin "éxito". ¿Qué es el éxito? ¿Encontrar sí o sí? ¿No permanecer sola más tiempo del que pueda resultar sospechoso ante la mirada de los demás? ¿No estar sola mientras hay otras que han consumado su encuentro? Si busco para encontrar, más tarde o más temprano encontraré. Porque quien busca encuentra. Lo que no se puede anticipar es qué, a quién, cómo, para qué, para cuánto, a qué precio.
Imagino el cuestionamiento, lo he escuchado más de una vez: ¿qué tiene de malo buscar a alguien a quien amar y por quién ser amada; acaso debo quedarme inmovilizada, cultivando mi propia infelicidad? La respuesta que nace de mí es: las búsquedas mueven al mundo, lo transforman, lo enriquecen. Nuestras propias exploraciones nos convierten en los mejores, en los más autorizados cartógrafos de nuestra existencia.
Sigue la nota...
· Siguiendo las huellas del amor
· Mi exploración interior
· Mi respuesta sincera al amor
Y allí andamos, buscando. Buscando para encontrar. Es tan imperiosa la promesa en la que creímos, que la búsqueda amorosa rara vez admite la posibilidad de finalizar sin "éxito". ¿Qué es el éxito? ¿Encontrar sí o sí? ¿No permanecer sola más tiempo del que pueda resultar sospechoso ante la mirada de los demás? ¿No estar sola mientras hay otras que han consumado su encuentro? Si busco para encontrar, más tarde o más temprano encontraré. Porque quien busca encuentra. Lo que no se puede anticipar es qué, a quién, cómo, para qué, para cuánto, a qué precio.
Imagino el cuestionamiento, lo he escuchado más de una vez: ¿qué tiene de malo buscar a alguien a quien amar y por quién ser amada; acaso debo quedarme inmovilizada, cultivando mi propia infelicidad? La respuesta que nace de mí es: las búsquedas mueven al mundo, lo transforman, lo enriquecen. Nuestras propias exploraciones nos convierten en los mejores, en los más autorizados cartógrafos de nuestra existencia.
Sigue la nota...
· Siguiendo las huellas del amor
· Mi exploración interior
· Mi respuesta sincera al amor
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|