El árbol de Navidad
En este mundo material, donde pareciera a veces tan difícil sostener la fe, llega la Navidad y nuestra energía cambia. Ese tiempo mágico, lleno de promesas, merece ser vivido plenamente. Los festejos en torno de la mesa navideña implican la reunión de amigos y familiares, hermanados por la fe y la esperanza. La estrella de Belén, el pesebre, son símbolos de la adoración y nos recuerdan que el Cristo ha nacido, pero… ¿Por qué tenemos un árbol en el medio de la sala?
A través de los siglos, viejas tradiciones evolucionaron y se asociaron a las celebraciones navideñas de hoy en día. Esas tradiciones son muy antiguas, y su origen es pagano.
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Vieja tradición muy actual
En este mundo material, donde pareciera a veces tan difícil sostener la fe, llega la Navidad y nuestra energía cambia. Ese tiempo mágico, lleno de promesas, merece ser vivido plenamente. Los festejos en torno de la mesa navideña implican la reunión de amigos y familiares, hermanados por la fe y la esperanza. La estrella de Belén, el pesebre, son símbolos de la adoración y nos recuerdan que el Cristo ha nacido, pero… ¿Por qué tenemos un árbol en el medio de la sala?
A través de los siglos, viejas tradiciones evolucionaron y se asociaron a las celebraciones navideñas de hoy en día. Esas tradiciones son muy antiguas, y su origen es pagano.
Vieja tradición muy actual
En la antigüedad, los ciclos de las estaciones determinaban el estilo de la vida de las personas.
La vida se asociaba a la primavera, mientras que la muerte era asociada al invierno. En el hemisferio norte, el 25 de diciembre tiene lugar el solsticio de invierno; es el día más corto y la noche más larga, pero, a continuación el Sol comienza a ganar la batalla contra el frío y las sombras, hasta que llega la Primavera.
Para los antiguos, la permanencia de los árboles simbolizaba la vida.
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No hay ninguna cultura antigua que no haya considerado a un árbol como símbolo de la vida y de sabiduría.
Las primeras noticias que tenemos sobre ello vienen del lejano Egipto, donde los sacerdotes consagraban árboles siempre verdes al dios Osiris, creyendo que la condición de permanecer frescos y verdes durante todo el año, era símbolo de inmortalidad y fertilidad. Aún en la Biblia se mencionan estas costumbres paganas.
También los griegos veneraban al Pino, que estaba consagrado a Dionisio; la piña cerrada era para los griegos símbolo de virginidad, y no es casual que también forme parte de la decoración navideña.
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Miles de años antes de Cristo, una gran variedad de pueblos indoeuropeos tenían a los árboles como expresión de las fuerzas fecundantes de la Madre Naturaleza, por lo que les rendían culto. Pero la costumbre de engalanarlo parece provenir de los celtas, para quienes el Roble era sagrado: en invierno, al perder sus hojas, era adornado para atraer el espíritu de la Naturaleza que lo había abandonado.
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Esta tradición, heredada a través de los siglos, ha servido de inspiración para nuestro actual arbolito de Navidad, ese que colocamos en nuestros hogares todos los años, adornado con guirnaldas y luces.
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Desde un punto de vista religioso, también para la Cabala (Kabbalah, que significa "tradición", en hebreo), es en el Árbol de la Vida que residen los valores de la sabiduría y el poder. Y es que ese árbol de la vida, hermoso a la vista y generoso en sus frutos, les hubiese otorgado a Adán y Eva la vida eterna.
En cambio Eva, mujer al fin, desoyó la prohibición de comer sus frutos, y no solo comió, sino que convidó generosamente a Adán del árbol del conocimiento.
La historia que sigue es conocida, ambos fueron expulsados del Paraíso y condenados, ellos, y sus hijos, y los hijos de los hijos, por siempre a morir.
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Muchos aseguran entonces, que el Árbol de Navidad, no es otra cosa que una representación de aquel Árbol de la Vida de la Creación, con sus lustrosas y rojas manzanas, fruta del pecado original, que hoy se convierten en brillantes adornos navideños.
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Tantas culturas, ¡tantas historias! Lo importante hoy, es recordar el nacimiento de ese niño de Belén, en aquella primera Navidad. El Cristo de los Cielos y Rey de reyes, ese amor divino expresado en su Sagrado Corazón, cuyo resplandor ilumina nuestras vidas con una luz brillante de puro amor.
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