El ángel que salvó a Mauro
Diana, la astróloga,
Durante tres años Mauro fue mi alumno, pero un día cayo muy enfermo, tenía fiebre, vómitos y una gran debilidad. Sus padres ya no sabían a dónde llevarlo, todos los médicos le mostraban diagnósticos diferentes, lo estudiaban y ninguno de ellos acertaba realmente con lo que le pasaba.
Todos hablaban de un virus extraño y lo medicaban sin llegar al fondo del problema. Mauro languidecía en una cama y sus extremidades enflaquecían al igual que su rostro cetrino y demacrado. Los que lo amaban seguían luchando para salvarlo, buscaban y buscaban un médico o tratamiento que le salvara la vida, pero todo parecía en vano y cada vez se hacía más fuerte la sensación de que a Mauro sólo lo salvaría un milagro.
Su madre fue viendo cómo su hijo se perdía entre fiebres y sudores y hasta deseó que la agonía del niño terminara de una buena vez. En uno de sus recorridos hasta la iglesia se le acercó una vendedora de flores que le llamó la atención por sus arrugas y el aroma que salía de su ropa. La anciana la detuvo y ante su sorpresa le dijo: "No olvides que hay ángeles en tu ventana", y desapareció entre la gente.
La mujer fue hasta la iglesia con la emoción temblándole en la boca y entre las manos el nombre de su amado hijo. Mientras estaba en el templo sintió la enorme necesidad de volver a su casa y entonces pensó lo peor, que Mauro ya se había ido con Dios. Desesperada, abrió la puerta de su casa y corrió a la habitación de su hijo, curiosamente sentía las piernas ligeras como alas de pájaro.
Se detuvo ante la puerta, el silencio la cubrió como un manto y lentamente entró a la habitación, buscó a su hijo con ojos desesperados en la cama. El niño estaba levantado jugando con un camioncito olvidado en el suelo de su cuarto. Al entrar su madre, Mauro levantó su rostro radiante y lleno de salud y le dijo: "Mami, en la ventana hay palomas".
La madre de Mauro se acercó lentamente a la ventana que daba al jardín y a través de los vidrios pudo ver unas plumas blanquísimas en la luz radiante de la mañana. Entonces supo que su hijo se había salvado. Mauro tiene actualmente 28 años y dos hermosos hijos, vive en Buenos Aires.
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