Contradicción entre ciencia y experiencia
EFE,
Sin embargo, estos experimentos contradicen una de las características que los defensores de la existencia del desdoblamiento cuerpo-espíritu aseguran que existe, y es que, precisamente, los estados obtenidos a través de la proyección astral o la de aquellos que han vuelto a la vida tras acercarse al umbral de la muerte, procuran a quien los experimenta una sensación de gran felicidad. Al contrario que los estados inducidos en el laboratorio, a través de los cuales la paciente manifestaba sólo sensaciones de angustia.
Sin embargo, otros dos científicos, los doctores Elizabeth Kubler Ross -psiquiatra suiza con ejercicio profesional en la Universidad de Chicago- y Raymon Moody -doctor en filosofía y médico psiquiatra-, que han estudiado este mismo fenómeno por separado y han llegado a las mismas conclusiones, parecen apoyar las tesis de la existencia del desdoblamiento cuerpo-espíritu.
Ambos han utilizado para sus investigaciones los relatos de miles de pacientes que habían experimentado estados cercanos a la muerte, en los que se detallaban visiones que presenciaban y que llegaban a ser comunes en todos ellos, como la presencia de familiares o amigos ya fallecidos, de los que recibían ayuda para el momento final.
La particularidad de estos relatos es que, procediendo de personas de distintas clases sociales y con ideas religiosas muy dispares o ateos, las experiencias son muy similares. En su obra Lo que vieron en el momento de la muerte, Elizabeth Kubler Ross recoge un meticuloso estudio de estas narraciones, y llega a la conclusión de que no son inventadas ni tienen nada que ver con alucinaciones.
En sus obras más conocidas Vida después de la vida, Reflexiones sobre vida después de la vida, Más allá, la luz -obra que recoge los testimonios de cientos de niños que han sufrido esa experiencia de muerte clínica- y Regresiones -investigaciones sobre las vidas pasadas-, Raymond A. Moody concluye que todos los testimonios obedecen a unos mismos principios y tienen un paralelismo semejante.
Los pacientes que experimentan estas experiencias suelen ver su cuerpo inerte en la cama o el quirófano, y escuchan y ven a allegados fallecidos. Tras esta primera desconexión del cuerpo físico comienzan a sentir que se elevan y atraviesan por un oscuro túnel, hasta llegar a un lugar lleno de luz, donde espíritus de familiares y amigos les están esperando. De la inmensa luz, un ser iluminado les invita a reflexionar sobre los actos de su vida ayudándoles a discernir entre los actos positivos y los negativos.
Todos coinciden en manifestar que el estado en el que se hallan en este lugar es de indescriptible tranquilidad, sin embargo es en ese momento cuando sienten que deben volver. Los acompañantes les recuerdan que aún tienen que cumplir su tarea.
Sin embargo, otros dos científicos, los doctores Elizabeth Kubler Ross -psiquiatra suiza con ejercicio profesional en la Universidad de Chicago- y Raymon Moody -doctor en filosofía y médico psiquiatra-, que han estudiado este mismo fenómeno por separado y han llegado a las mismas conclusiones, parecen apoyar las tesis de la existencia del desdoblamiento cuerpo-espíritu.
Ambos han utilizado para sus investigaciones los relatos de miles de pacientes que habían experimentado estados cercanos a la muerte, en los que se detallaban visiones que presenciaban y que llegaban a ser comunes en todos ellos, como la presencia de familiares o amigos ya fallecidos, de los que recibían ayuda para el momento final.
La particularidad de estos relatos es que, procediendo de personas de distintas clases sociales y con ideas religiosas muy dispares o ateos, las experiencias son muy similares. En su obra Lo que vieron en el momento de la muerte, Elizabeth Kubler Ross recoge un meticuloso estudio de estas narraciones, y llega a la conclusión de que no son inventadas ni tienen nada que ver con alucinaciones.
En sus obras más conocidas Vida después de la vida, Reflexiones sobre vida después de la vida, Más allá, la luz -obra que recoge los testimonios de cientos de niños que han sufrido esa experiencia de muerte clínica- y Regresiones -investigaciones sobre las vidas pasadas-, Raymond A. Moody concluye que todos los testimonios obedecen a unos mismos principios y tienen un paralelismo semejante.
Los pacientes que experimentan estas experiencias suelen ver su cuerpo inerte en la cama o el quirófano, y escuchan y ven a allegados fallecidos. Tras esta primera desconexión del cuerpo físico comienzan a sentir que se elevan y atraviesan por un oscuro túnel, hasta llegar a un lugar lleno de luz, donde espíritus de familiares y amigos les están esperando. De la inmensa luz, un ser iluminado les invita a reflexionar sobre los actos de su vida ayudándoles a discernir entre los actos positivos y los negativos.
Todos coinciden en manifestar que el estado en el que se hallan en este lugar es de indescriptible tranquilidad, sin embargo es en ese momento cuando sienten que deben volver. Los acompañantes les recuerdan que aún tienen que cumplir su tarea.
En su libro Vida después de la muerte, el doctor Moody expone la experiencia de varios casos producidos cuando ciertas personas habían estado al borde del abismo que separa la vida del más allá. Así, por ejemplo, se reseñan casos como el de un enfermo que mientras estaba siendo operado se "despegó de su cuerpo y pudo ver desde fuera cómo le operaban. Al volver, recordaba, con toda exactitud, los comentarios de médicos y enfermeras. También se narra el caso de un hombre que, tras un accidente automovilístico, vio su cuerpo y cómo le introducían en la ambulancia.
Para Moody, el denominador común de todos estos casos, que a priori pueden parecer angustiosos, es la falta de sensaciones físicas. Al tratarse de una parte espiritual, no se siente ni dolor ni inquietud ni miedo, se observa la escena como quien ve una película o un cuadro, exento de cualquier emoción.
Podrá ser cierta o no la existencia de una parte espiritual en nosotros que nos proporciona, en el momento de dejar este mundo, el consuelo y la felicidad que no podemos hallar en este, pero es por seguro que la experiencia de una proyección astral puede convertirse en el mayor de los sueños de cualquier viajero.
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Para Moody, el denominador común de todos estos casos, que a priori pueden parecer angustiosos, es la falta de sensaciones físicas. Al tratarse de una parte espiritual, no se siente ni dolor ni inquietud ni miedo, se observa la escena como quien ve una película o un cuadro, exento de cualquier emoción.
Podrá ser cierta o no la existencia de una parte espiritual en nosotros que nos proporciona, en el momento de dejar este mundo, el consuelo y la felicidad que no podemos hallar en este, pero es por seguro que la experiencia de una proyección astral puede convertirse en el mayor de los sueños de cualquier viajero.
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