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Niños y adolescentes: poniendo límites
Por Ricardo Concebat, EFE Reportajes,
¿Cuándo hay que recriminar, advertir o castigar a un hijo? ¿En qué punto el ejercicio de la autoridad traspasa el umbral de lo conveniente? ¿Cómo se puede orientar a un joven sin crear tensiones innecesarias? ¿Qué límites hay que imponer a sus actitudes y comportamientos? Entre el autoritarismo y la permisividad, hay que buscar un equilibrio que fortalezca las relaciones.

¿Por qué a los padres les cuesta tanto poner límites a sus hijos? Según los psicólogos ello suele deberse a que no se sienten los bastante fuertes para enfrentarse a ellos, a que son complacientes para compensar el poco tiempo que les dedican, a que desean ser aceptados y no rechazados, o que a veces el padre y la madre siguen líneas de actuación contradictorias.

Sea como sea, el efecto de esta falta de firmeza o claridad, es contraproducente, y no poner límites da forma a un niño que nunca tiene suficiente, que exige cada vez más y que tolera cada vez peor las negativas.

Siguiendos estas pautas se están dando alas a un futuro joven o adulto, que tendrá una escasa o nula tolerancia ante las inevitables la frustraciones de la vida.

Los adolescentes piden libertad, pero los padres deben sopesar entre el fomento de la confianza en si mismos para que se valgan autónomamente, y el conocimiento de que en el mundo hay peligros y amenazas para la salud y seguridad de sus hijos.

Las investigaciones indican que los adolescentes se desarrollan mejor cuando mantienen fuertes vínculos familiares al tiempo que se les permite tener opiniones propias e incluso estar en desacuerdo con sus padres.

Según los expertos, el niño debe aprender que rebasar los límites puede traer consecuencias negativas para él, las cuales deben ser proporcionadas y, en lo posible, han de ser inmediatas para que el hijo o hija lo entienda.

Estos son algunos de los consejos para poner límites razonables y eficaces , equilibrando los conceptos de la libertad y la autonomía de los hijos:.

Primero, ¡convénzase usted!

Los adolescentes se resisten a los límites impuestos, pero los necesitan e incluso los desean. En un mundo complicado los límites dan seguridad y sentimientos de estar atendidos. Es más fácil empezar a poner límites durante la infancia, pero no es imposible empezar cuando son adolescentes.

Ponga límites a las conductas

Los niños necesitan ser guiados por los adultos y para ello hay que establecer reglas que fomenten su crecimiento personal. Los límites se deben orientar al comportamiento, no a la expresión de sus sentimientos: se les puede exigir que no haga algo, pero no que no sienta rabia o lloren.

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