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Hablando claro sobre las armas de fuego
Por Dana Sullivan, Parenting


Dana Sullivan es coautora de The Essential C-Section Guide, publicado en junio de 2004.

Recuerdo el día que Liam, mi hijo de tres años, agarró un palo de golf de plástico, lo apuntó a su babysitter y le dijo: “Te voy a disparar”, como uno de los más espinosos de mi periplo como madre. Ni mi esposo, Rob, ni yo somos aficionados a las armas de fuego. En nuestra casa no hay ninguna, ni de juguete ni de verdad, y no creo que en aquella época Liam hubiese llegado todavía a ver en la televisión violencia asociada a las pistolas. Pero luego de una semana en el jardín de infancia había aprendido perfectamente lo que eran y para lo que servían.

Es cierto que este tipo de cosas son muy habituales entre los niños, y no tengo ninguna preocupación de que Liam, sólo por apuntar un palo de golf a alguien, vaya a convertirse en un pistolero cuando se haga adolescente. Pero aquel episodio me dio qué pensar. Si tenemos en cuenta que en los Estados Unidos aproximadamente un 34% de los niños vive en hogares con al menos un arma de fuego, realmente era hora de enseñar a nuestro hijo qué hacer si alguna vez se encontraba con una pistola en casa de alguno de sus amiguitos. La cuestión era cómo explicárselo.

Encuesta

Durante la última década se han publicado numerosos estudios que muestran que, incluso cuando los padres hablan con sus hijos sobre este asunto y les instruyen para que se mantengan alejados de las armas de fuego y avisen inmediatamente a un adulto si encuentran una, si un niño ve un arma de fuego la va a tocar. Un reciente estudio elaborado con muchachos de entre 8 y 12 años de edad así lo atestigua. Tras dejar a los niños solos en una habitación en la que se habían escondido armas de fuego en armarios y gabinetes, el 72% de los chicos las descubrió y las tuvo en sus manos, a pesar de que el 90% había recibido información sobre el peligro que representan las armas y sobre qué hacer al encontrar una.

“Es un error creer que un niño va a mantenerse alejado de una pistola simplemente porque usted se lo pida”, dice Raymond Miltenberger, doctor y profesor de Psicología en la Universidad Estatal de Dakota del Norte. Tus hijos siguen saltando en el sofá a pesar de que les has dicho un millón de veces que no lo hagan; entonces, ¿por qué iba a ser distinto con las pistolas? Miltenberger es uno de los autores de un nuevo trabajo de investigación en el que se examinan las pautas de seguridad frente a las armas de fuego que se enseñan a niños y niñas de 4 y 5 años. Entre los aspectos evaluados por el estudio están el popular programa Eddie Eagle GunSafe, de la Asociación Nacional del Rifle, y otro programa denominado Behavioral Skills Training (Instrucción en nociones de comportamiento, BST), que fue desarrollado por los propios autores del estudio. Ambos programas consisten de sesiones de cinco a 10 minutos en las que, básicamente, se enseña a los niños lo que deben hacer si ven un arma de fuego: “detenerse, no tocarla, salir del lugar en el que se encuentra y acudir a un adulto”. El programa BST también efectúa simulacros en los que los participantes actúan como si estuvieran en una de esas situaciones; los monitores corrigen los errores que pueden cometer los niños y les animan y aplauden cuando toman las decisiones correctas.

Pero ambos programas se quedan cortos. De los niños que asistieron a las sesiones del programa Eddie Eagle, aproximadamente la mitad era capaz de describir las lecciones de seguridad que había aprendido, pero pocos de ellos las aplicaban en un juego de simulacro, y ninguno las utilizó cuando se les dejó en una habitación con una pistola. De los niños que pasaron por el método BST, la mayor parte supo describir lo que habían aprendido y todos ellos lo desplegaron correctamente en situaciones simuladas, pero muy pocos las recordaron cuando estuvieron en una habitación con una pistola de verdad.

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