1. Refrigera las carnes frescas tan pronto puedas, no dejes pasar más de dos horas después de comprarlas, ya que se echa a perder si se dejan a temperatura ambiente. Y nunca descongeles la carne a temperatura ambiente o se echan a perder. Debes descongelar la carne deshuesada en el refrigerador durante la noche o por dos días si tiene hueso, también la puedes sumergir con su empaque en agua fría durante una hora.
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2. Cocina la carne lo más pronto que puedas después de comprarla. La carne vacuna, de cordero o ternera se mantienen frescas en el refrigerador durante tres a cinco días, pero la carne molida dura tan sólo dos días.
3. Todas las carnes, de res, de ternera, de cordero en filetes o chuletas, se deben cocinar por lo menos a 145°F, por lo menos 145 grados (término medio), a fin de matar las bacterias de la superficie, y a 160°F o 170°F para termino bien cocido. Y el pollo a 165°F para cocinar a fondo y ser más seguro.
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4. La carne molida debería cocinarse por lo menos a 160°F y el pollo a 165°F, porque cuando se muele las bacterias de la superficie pueden propagarse en toda la carne, así que no es seguro servir hamburguesas o carne poco cocida, especialmente cuando sirve a los niños y ancianos.
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5. Usa un termómetro de carne para tener la certeza de que la carne ha alcanzado una temperatura adecuada. No confíes en el color de la carne, ya que pueden lucir cocida antes de que haya alcanzado una temperatura adecuada. Asegúrate de insertar el termómetro en la parte más gruesa de la carne.
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6. Mantén la carne a 140°F cuando la sirvas y refrigera las sobras antes de que pasen dos horas de haberse preparado. La carne que queda a la intemperie es probable que tenga bacterias dañinas y no debe ser consumida.
7. Desecha las sobras refrigeradas después de cuatro días.
Cassandra Hubbart, AOL